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Cómo el personalismo ha envenenado a la Iglesia

El personalismo filosófico -que también enseñó Juan Pablo II- ha contribuido a la profunda crisis actual del catolicismo, escribe ItreSentieri.it (12 de agosto).

- El filósofo francés Emmanuel Mounier (+1955), inventor del personalismo, afirma que no se puede dar "ninguna definición precisa de la persona".

- Según él, sólo se pueden definir los objetos que están fuera del hombre y que el hombre puede poner ante sus ojos, pero la persona es precisamente aquello en cada hombre que no puede ser tratado como un objeto.

- Esta afirmación implica que la definición de la persona dada en la metafísica clásica es "falsa".

- Severino Boecio (+525) dijo que la persona es una 'rationalis naturae individua substantia' (una sustancia individual de naturaleza racional).

- Mounier reduce la persona a un conjunto de manifestaciones psicológicas en las que los sentimientos, las emociones, los estados de ánimo (etc.) ocupan un lugar central.

- Como consecuencia, el personalismo afirma que la fe "ya no" es un asentimiento del intelecto a las verdades reveladas, sino una forma de sentimiento religioso.

- Los personalistas quitan de en medio a la razón, de modo que el acto de fe se convierte en una creencia ciega y en una creencia en el absurdo.

- Cuanto más se cree en lo absurdo, más "meritorio" es el acto de fe, como piensan los protestantes.

- Para los personalistas, ser católico es "sentir", no estar inteligentemente convencido.

- Esta reducción de la fe a "experiencia" ha abierto la puerta al sincretismo y al relativismo ("diálogo interreligioso").

- El personalismo reduce la fe a un "encuentro" sentimental, que ya no es el resultado lógico del acto de fe, sino que se convierte en su contenido exclusivo.

- El rechazo de la apologética tras el fracasado Concilio Vaticano II es una consecuencia de todo esto.

- Los catecismos solían ser de una claridad sublime, subrayando la diferencia entre la verdad y el error.

- Los catecismos modernistas lo presentan todo de forma vaga, intelectualista y sentimental.

- En consecuencia, la comprensión psicológica de la persona por parte de los personalistas implica que el amor, que es una pasión, ya no tiene que someterse al imperio de la razón para ser juzgado por ella, sino que se convierte en un criterio en sí mismo.

- Esto explica por qué los personalistas no corrigen a quienes viven en un estado de pecado grave, como la cohabitación extramatrimonial u homosexual.

- La razón es una sobrevaloración de la "conciencia" en el acto moral.

- De ser un "lugar" que necesita ser iluminado por la verdad para saber lo que es bueno y lo que es malo, la "conciencia" se ha convertido en un "lugar" que decide el bien y el mal.

- Además, para un personalista, las personas están determinadas por la situación histórica y social en la que se encuentran.

- El personalismo conduce al activismo porque cree que la persona se realiza abriéndose necesariamente a los demás, lo que va mucho más allá de decir que la persona es un ser social.

- La falsa pretensión del personalismo hace de la relación con los demás la sustancia de la persona.

- En consecuencia, los personalistas están convencidos de la inutilidad, cuando no de la nocividad, de las virtudes llamadas "pasivas": mortificación, ayuno, templanza, castidad.

- Para ellos, las monjas de clausura son inútiles porque hay que ayudar a "los pobres".

- En consecuencia, la Iglesia se reduce a su dimensión horizontal y se convierte en una "comunidad" y deja de ser el misterio de la presencia de Cristo en la historia; la liturgia (Novus Ordo) se adapta a esta falsa comprensión de la Iglesia.

- Por consiguiente, para el personalista, el problema más grave no es el rechazo pecaminoso de Cristo, sino todo lo que pueda amenazar la convivencia pacífica de los seres humanos (guerras) o su salud física (contaminación, coronavirus).

- Si la Iglesia es ante todo una "comunidad" y un "misterio de apertura al otro", entonces todas las personas son automáticamente "hijos de Dios" y están "salvadas".

Traducción IA
1283

El énfasis en la persona y su continuación de la vida después de la muerte del cuerpo es esencialmente católico y parte de la enseñanza social católica. Filósofos católicos como Guardini, Seifert y Spaemann opusieron el individualismo liberal y el colectivismo comunista a la persona con su dignidad, libertad y relación con Dios. Declarar a San Juan Pablo II relativista en el espíritu del desconocido filósofo Mounier es una polémica barata. Este Papa insistió vigorosamente en los mandamientos divinos inmutables, particularmente en las cuestiones del matrimonio, el aborto y la homosexualidad. Los críticos de este Papa parecen haber caído en un piadoso integrismo, una herejía que surgió del jansenismo.