Monseñor Rossetti continúa con su ministerio de liberación a pesar de haber sido destituido como exorcista
En un correo electrónico enviado el 3 de agosto a sus suscriptores, monseñor Rossetti afirmó que sigue siendo un sacerdote en plena comunión con su diócesis de origen, la de Siracusa (Nueva York), y que continuará su labor a través del Centro San Miguel, que opera dentro del territorio de la archidiócesis de Washington.
El 3 de junio, el cardenal McElroy destituyó a Rossetti como exorcista de la archidiócesis y puso fin a toda relación entre la archidiócesis de Washington y el Centro San Miguel de Rossetti.
Monseñor Rossetti sostiene que conserva las facultades sacerdotales en varias diócesis y las de exorcista en otras dos. Asimismo, afirma que su propio obispo le ha animado a continuar con el ministerio.
La polémica de junio se produjo tras la excéntrica afirmación de Rossetti de que los ovnis «son, de hecho, demonios». El cardenal McElroy —quien lo había destituido por esta afirmación— declaró posteriormente que la decisión no tenía que ver con los ovnis, sino que reflejaba su opinión de que la labor de un exorcista debe ser privada.
Monseñor Rossetti ha conseguido un número considerable de seguidores a través del Centro San Miguel y sus «sesiones de liberación» en línea.
El controvertido pasado de monseñor Rossetti
Antes de alcanzar gran notoriedad por su ministerio de exorcismo, Rossetti fue presidente del Instituto San Lucas, que trataba a sacerdotes acusados de abusar sexualmente de menores.
En ese contexto, Rossetti advirtió contra la tendencia a convertir a los sacerdotes homosexuales en «chivos expiatorios». En un artículo publicado en *Catholic World Report* en 1997, también abordó los posibles abusos sexuales cometidos por mujeres que pasaban desapercibidos, argumentando que el comportamiento inapropiado de las madres podía disimularse más fácilmente como actos cotidianos de limpieza, aseo o vestimenta de los niños.
Monseñor Rossetti negó que existiera una relación entre los sacerdotes homosexuales y los pedófilos, y afirmó que la atracción sexual hacia los niños existe, en cierta medida, entre un segmento más amplio de la población. Asimismo, criticó lo que describió como un «clima de represión y/u obsesión» católico en torno a la sexualidad.
Traducción IA