Este prólogo presenta las ¨Obras de Santa Catalina de Siena¨, una de las figuras más extraordinarias de la espiritualidad cristiana, cuya doctrina le valió ser proclamada Doctora de la Iglesia. Este volumen recoge sus escritos fundamentales: ¨El Diálogo¨, junto con sus ¨Oraciones y Soliloquios¨, traducidos e introducidos por José Salvador y Conde.
La obra que el lector tiene en sus manos no nació de un estudio académico, sino de un "corazón de fuego". Catalina, hija de un tintorero de Siena y la número 24 de 25 hermanos, no tuvo formación cultural universitaria; de hecho, aprendió a leer siendo ya adulta y existen dudas fundadas de que supiera escribir con soltura. Por ello, gran parte de este libro fue dictado por la Santa mientras se encontraba en estado de éxtasis o arrobamiento, valiéndose de secretarios o amanuenses como Barduccio Canigiani, Esteban Maconi y Neri Pagliaresi.
¨El Diálogo¨, compuesto principalmente entre 1377 y 1378, es en realidad una autobiografía espiritual y un compendio de su experiencia mística. En él, la "Verdad Eterna" (Dios) responde a cuatro peticiones del alma de Catalina: por ella misma, por la reforma de la Iglesia, por el mundo entero y por un caso particular de la Providencia. El eje central de esta enseñanza es la doctrina de Cristo como Puente, una imagen que Catalina desarrolló para explicar cómo el Verbo encarnado une el cielo con la tierra, permitiendo a las almas cruzar el mar tempestuoso de este mundo sin ahogarse en el pecado.
Por otro lado, las ¨Oraciones y Soliloquios¨ ofrecen una mirada íntima a su comunicación con lo divino. Recogidas palabra por palabra por sus discípulos mientras ella oraba en voz alta durante sus raptos espirituales, estas piezas no son solo ruegos, sino profundas lecciones doctrinales sobre la Santísima Trinidad, la sangre de Cristo y la dignidad del hombre.
Estas obras son un reflejo de una mujer que, a pesar de las persecuciones y la ceguera humana de su tiempo, nunca dejó de clamar por la paz y la salvación de las almas. Catalina de Siena nos invita, a través de estas páginas, a entrar en la "celda del conocimiento de nosotros mismos" para descubrir en ella la inmensa bondad de Dios.